Enfermedades psicosomáticas
Lunes, 21 de Noviembre de 2011 18:28

La medicina occidental denomina enfermedades psicosomáticas a aquellos trastornos que, sin tener una causa orgánica que lo justifique, desencadenan una respuesta física, es decir, tienen su origen en un conflicto psicológico que se expresa orgánicamente.
Respecto a las enfermedades o trastornos psicosomáticos existen muchas controversias a nivel científico, pero cada vez más la medicina va considerando al individuo como un todo y comprendiendo que la mente y el cuerpo no son entes separadas sino que forman una unidad que interacciona, tal y como demuestra la psiconeuroendocrinoinmunología.

 

 

Ejemplos de enfermedades psicosomáticas: El estrés produce aumento en los niveles de colesterol, hipertensión arterial y hasta puede llegar a causar infartos y hemorragias cerebrales. La relación de éste con el aparato digestivo es evidente: todos conocemos la sensación de "estómago revuelto" ante una discusión o mala noticia. A la larga, puede dar lugar a gastritis, úlceras, colitis y colon irritable, entre otras; en la piel encontramos dermatitis, psoriasis, urticarias, eccemas, caída de cabello; en el aparato respiratorio se pueden manifestar con ataques de asma, bronquitis o tos; a nivel muscular son muy conocidas las contracturas cervicales y los dolores a nivel lumbar provocados por la tensión, también son muy frecuentes las disfunciones sexuales de origen psicológico y las alteraciones en la menstruación.

Sin embargo, desde una perspectiva más integral, el hecho de que el sistema inmunitario se vea influido por factores psícológicos, tal como demuestran numerosos estudios, hace que muchas enfermedades puedan ser promovidas por factores tan cotidianos como el estrés crónico o la ira contenida.

Por otra parte, también una alteración física puede tener consecuencias a nivel mental: el ejemplo más obvio es cómo el alcohol influye  en el estado de ánimo, o cómo la privación de alimentos altera la bioquímica cerebral en la anorexia; asimismo, el dolor crónico o una enfermedad degenerativa pueden causar ansiedad o depresión.

En consecuencia, diremos que para sentirnos sanos, debemos cuidar tanto nuestra salud física como mental, proporcionando a nuestro cuerpo los nutrientes necesarios para reparar, detoxificar y nutrir nuestros órganos (incluido el oxígeno que nos proporciona el ejercicio, la luz solar que nos da energía y regula nuestros ritmos circadianos y el sueño que restaura todo el sistema) y aprendiendo a gestionar el estrés, que todos, en mayor o menor medida, incluidos los niños,  soportamos a diario. 

 

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